El IVO cumple 50 años: medio siglo en cuerpo y alma contra el cáncer desde la C.Valenciana
Concha Tejerina
El Instituto Valenciano de Oncología (IVO) celebra este año su 50 aniversario, medio siglo de vida en el que ha pasado de ser un centro que nació para «ayudar a bien morir» a pacientes afectados por una enfermedad con escasas opciones terapéuticas a ser un referente, nacional e internacional, en la atención integral y especializada del cáncer.
«Hoy es un hospital que no solo cura, sino que cuida a los valencianos», asegura en una entrevista con la Agencia EFE el director general de la Fundación IVO, Manuel Llombart, quien subraya que cinco décadas después de su creación, el IVO «mantiene intacta su filosofía: ofrecer siempre el mejor tratamiento posible, adaptado a cada paciente».
“50 años en cuerpo y alma contra el cáncer” es el lema elegido para conmemorar medio siglo de historia y que resume el compromiso de generaciones de profesionales que han dedicado su trabajo, su conocimiento y su vocación a la lucha contra una de las enfermedades más complejas.
El nacimiento del IVO
El origen del IVO se remonta a principios de los años 70, cuando Antonio Llombart Rodríguez, patólogo de profesión y abuelo del actual responsable del centro, detectó importantes carencias en la atención al paciente oncológico en España.
Aunque no se dedicaba directamente al tratamiento, su cercanía al diagnóstico del cáncer y su participación en la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) le permitieron conocer modelos asistenciales que ya se estaban desarrollando en otros países.
En aquel momento, las opciones terapéuticas eran muy limitadas y dispersas. Frente a esa realidad, Llombart impulsó la creación de un hospital oncológico monográfico que concentrara todos los recursos posibles para ofrecer la mejor respuesta disponible contra la enfermedad.
Junto a un grupo de empresarios valencianos —como Vicente Iborra, José Simón o Tomás Trenor— y con el apoyo económico de la AECC y de entidades financieras como la Caja de Ahorros de Valencia, se puso en marcha el proyecto que daría lugar al actual IVO, explica a EFE Manuel Llombart.
El edificio redondo: una arquitectura con mensaje
Uno de los símbolos más reconocibles del Instituto es su edificio redondo, inaugurado en diciembre de 1976, y más allá de una decisión estética, su diseño respondió a una intención muy clara: humanizar la experiencia del paciente.
En los años 70, la palabra ‘cáncer’ estaba asociada casi inevitablemente a la muerte, y el objetivo de los arquitectos fue crear un espacio «amable, sin aristas», que suavizara el impacto emocional de entrar en un centro oncológico.
Aunque desde el punto de vista funcional un edificio circular es complejo —pierde eficiencia y orientación—, su carácter icónico ayudó a reducir el miedo y la dureza que suponía, para muchas personas, acudir al IVO.
El icónico edificio circular, que hoy se conoce como Edificio Antonio Llombart, comenzó a edificarse en febrero de 1974 sobre una superficie de 2.196 metros cuadrados y una volumetría de 9.000 metros cúbicos, edificable en tres plantas, y el 6 de diciembre de 1976 fue inaugurado por la entonces reina Sofía.
En 1978 el Instituto adquirió personalidad jurídica propia con la creación de la Fundación IVO, que permitió dotar a la institución de una gobernanza independiente, bajo derecho privado, manteniendo su vocación social.
De “ayudar a bien morir” a curar y cuidar
Manuel Llombart explica que durante muchos años se ha repetido una frase que resume la evolución del centro: “El IVO nació para ayudar a bien morir a los valencianos y hoy es un hospital que no solo cura, sino que cuida”.
Si en sus inicios el objetivo era ofrecer dignidad y alivio en una enfermedad con escasas opciones de curación, cinco décadas después, los avances científicos han transformado radicalmente ese panorama, afirma su director general.
Así, hoy existen patologías oncológicas con tasas de curación cercanas al 100 %, como el cáncer de mama o de próstata; y otras, como el cáncer de pulmón, han pasado en apenas una década de tener un pronóstico muy limitado a contar con largos supervivientes gracias a la inmunoterapia y a los nuevos fármacos.
Un modelo integral referente en España
El IVO, que en sus cincuenta años de historia ha tratado a alrededor de 200.000 pacientes, es uno de los pocos centros en España que cubre de forma integral todo el proceso oncológico: desde el diagnóstico precoz hasta los cuidados paliativos.
Dispone de potentes programas de detección temprana en cáncer de cuello uterino, mama, próstata, piel y pulmón; confirmación diagnóstica con tecnología de vanguardia; y todas las opciones terapéuticas disponibles en la actualidad.
Cuenta con servicios completos de radiodiagnóstico, medicina nuclear, laboratorio clínico, anatomía patológica y biología molecular, y su laboratorio de anatomía patológica ha sido recientemente digitalizado, permitiendo la aplicación de herramientas de inteligencia artificial al diagnóstico.
Además, alberga uno de los mejores biobancos de Europa, con cerca de 200.000 muestras acreditadas a nivel europeo, según explica el director general de la Fundación IVO.
En el ámbito terapéutico, dispone de todos los tratamientos sistémicos financiados por el Sistema Nacional de Salud, cirugía de alta complejidad —incluida cirugía robótica, con dos robots y un elevado volumen de intervenciones— y radioterapia de última generación, con cuatro aceleradores lineales y más de 3.000 procesos anuales.
Un equipo humano volcado en el paciente
De las 50 personas que comenzaron trabajando en el centro se ha pasado a cerca de 1.000 profesionales, entre personal directo e indirecto, y más allá de oncólogos médicos y oncólogos radioterápicos, el IVO funciona como un hospital general especializado exclusivamente en cáncer, con cirujanos de todas las especialidades, radiólogos, anestesistas, personal de enfermería, psicólogos, fisioterapeutas y equipos de hospitalización domiciliaria.
Llombart afirma que la cultura interna del Instituto «se basa en un principio muy claro: los problemas personales se dejan en la puerta», y subraya que la atención al paciente oncológico «exige sensibilidad extrema», porque un gesto, una mala cara o una palabra mal interpretada pueden generar meses de angustia en quien ya atraviesa una situación vital muy dura.
Mirando al futuro: ampliación y crecimiento
Ahora el IVO mira al futuro con el objetivo de seguir siendo una alternativa terapéutica de primer nivel mundial para los valencianos. Para ello, el centro trabaja en un ambicioso proyecto de ampliación de sus instalaciones, con un nuevo edificio de alrededor de 16.000 metros cuadrados.
Según Llombart, más que aumentar camas —cada vez menos necesarias debido a tratamientos ambulatorios, cirugías menos invasivas y hospitalización domiciliaria—, la ampliación permitirá incorporar nuevas tecnologías y modalidades asistenciales que requerirán más espacio en los próximos años. EFE
