R.H. Melián: “La Antártida dejó de ser un lugar para convertirse en un personaje”

En La dama blanca, su primera novela, R. H. Melián sitúa el thriller en uno de los territorios más extremos del planeta. La Antártida no es solo el escenario donde transcurre la historia, sino la fuerza que la sostiene. Aislada, hostil e implacable, se convierte en el eje de una trama donde el ser humano se enfrenta tanto a la naturaleza como a sus propios límites. En esta entrevista, el autor habla del origen de la novela, del largo proceso de documentación y del vértigo de dar el salto a la publicación.

La Dama Blanca RH Melian

Tu primera novela nos lleva a uno de los lugares más extremos del planeta. ¿En qué momento pensaste: “Esta historia solo puede ocurrir en la Antártida”?

En el momento de concebirla. La dama blanca solo puede suceder en la Antártida para que tenga sentido.

¿Qué tiene ese territorio —aislamiento, silencio, hostilidad— que lo convierte en un escenario natural para el thriller?

Justo lo que señalas. Es un lugar aislado, extremo y hostil. Un paraje en el que el ser humano tiene que enfrentarse tanto a la naturaleza salvaje como a sus propias limitaciones y miedos.

¿Cómo fue el proceso de documentación? ¿Investigaste más como escritor… o como explorador?

Estudié mucho. Abrí mapas de la Antártida, revisé bases polares y accidentes en el hielo y me sumergí en los relatos de quienes se habían enfrentado a ese territorio: Richard Byrd, Roland Huntford con Scott y Amundsen, Antártida de Gabrielle Walker, Endurance de Alfred Lansing o El peor viaje del mundo de Apsley Cherry-Garrard, entre otros.

A esas lecturas se sumaron dos obras que me habían acompañado desde hacía años y que se colaron inevitablemente en el espíritu de la novela.

La cosa, de John Carpenter. El terror de lo desconocido en un entorno antártico donde la paranoia y la desconfianza pueden ser tan letales como el frío.

El terror. Aunque ambientada en el Ártico, la serie —y la novela de Dan Simmons— muestran cómo un grupo humano atrapado por el hielo se descompone poco a poco, acosado tanto por la naturaleza como por lo inexplicable.

Todas esas voces acabaron mezclándose en mi cabeza. La Antártida dejó de ser un lugar lejano para convertirse en un personaje más, exigente, hostil y cargado de resonancias históricas y literarias.

En un entorno donde escapar es casi imposible, ¿cambia eso la forma de construir la tensión narrativa?

Eso es lo que genera la tensión narrativa. El propio medio es el antagonista principal de La dama blanca.

¿La Antártida en tu novela es solo un escenario o funciona como un personaje más?

Es un personaje y, al mismo tiempo, es el todo. Lo más importante de la novela.

El salto al vacío: publicar tu primera novela

¿Qué fue más desafiante: escribir la historia o decidir que estaba lista para ser leída por otros?

Escribirla. Llevaba muchos años en mi cabeza y plasmarla en papel fue lo más complejo.

Muchos autores hablan del “síndrome del impostor” en la primera publicación. ¿Lo viviste?

Lo que descubrí fue que tenía más disciplina y constancia de la que creía ser capaz.

Si pudieras volver al inicio del manuscrito, ¿qué consejo te darías?

Escribe. Siempre escribe. No te rindas.

¿Qué significa para ti debutar con un thriller, un género donde el lector es especialmente exigente?

Vaya por delante que el thriller no es mi género preferido. Pero esta historia llevaba mucho tiempo en mi cabeza y necesitaba escribirla.

Sé que es uno de los mercados más complejos y que salen thrillers de debajo de las piedras, pero me alegro de haberlo hecho porque me ha servido para aprender mucho.