Reflexiones sobre la destructividad humana
Marisa García-Merita – Presidenta del CVPM
Existe tal caos en el mundo que nos rodea que no puedo dejar de decir algunas palabras sobre ello. A todos nos está impactando, pero creo que a nosotros los mayores nos produce un sentimiento mayor de desesperanza.
No hay duda de que el mundo está cada vez más revuelto, o al menos somos más conscientes de ello, quizá porque la ola de violencia y odio está más cerca de nosotros. Las posturas antibelicistas se manifiestan con violencia, la democracia se pretende imponer con agresión y muerte, las diferencias de ideas se defienden con el insulto y la amenaza y, en fin, da la sensación de que nadie escucha a nadie, que ha desaparecido la tolerancia, el dialogo, el respeto, la compasión y el Amor.
Creo que todos nos estamos preguntando con tristeza ¿cómo es posible que el ser humano pueda llegar a ser tan tremendamente cruel? Ahora, mientras escribo esto, sigue la muerte de miles de personas, masacradas por otras personas. El hambre, el frio, la sed, el encarcelamiento y la muerte se extienden cada vez más. ¿Se dan cuenta de que seres humanos igual que cualquiera de nosotros no reparan en disparar a mujeres y niños que están intentando huir de ese infierno? ¿que son capaces de violarlos, martirizarlos…? ¿Cuántas veces nos hemos escandalizado cuando nos enteramos de que alguien ha violado a una niña hasta casi matarla, o que un padre ha quemado con cigarrillos a su bebe, o que un asesino ha matado a una persona y descuartizado su cadáver? ¿y qué decir de esos seres humanos que se prestan a martirizar a otros de las formas más terribles que podamos imaginar? El horror nos inunda y queremos encontrar una explicación a estas aberraciones.
Los seres humanos necesitamos encontrar una explicación, pero esta atmosfera de agresión se nos manifiesta como inexplicable por lo que caemos en el error de decir: está loco. Pues no, no es un tema de enfermedades, respetemos a los enfermos mentales. Lo que ocurre es que existe la Maldad, maldad que tiene que ver con el carácter de esa persona (otros dirían personalidad, a mí me gusta más utilizar el vocablo que Adela Cortina utiliza para definir la Ética: La forja del carácter).
Ese carácter se va forjando poco a poco a lo largo de la vida. La infancia y la influencia de los padres y familia es fundamental, también la escuela y los medios de comunicación. A diferencia del animal, los seres humanos tenemos la capacidad, de ir forjando el carácter con el que hemos nacido, y tratar de adquirir o transmitir hábitos y valores buenos y desechar los malos. El carácter es un fenómeno exclusivamente humano, con ello fuimos capaces de crear un sustituto a los instintos perdidos. Así pues, la virtud puede enseñarse, y se manifestara en pasiones como la ternura, el deseo de justicia, la independencia, la empatía, la compasión y el amor. Pero también puede enseñarse la maldad que, muy al contrario, se caracterizará por el odio, la crueldad, el sadismo, la destructividad y la agresión maligna (y no crean que esto es muy infrecuente, en la infancia el aprendizaje por observación es muy importante, así, si se producen conductas agresivas en el seno de la familia, si los padres aplauden conductas violentas o gritan e insultan al niño para prohibirle hacer algo, él aprenderá a comportarse así. También la observación de películas con héroes agresivos, la presentación de escenas violentas, la justificación o “aplauso” de conductas agresivas y la emisión de programas cargados de agresiones, físicas, sexuales y verbales, potencian el aprendizaje de la agresión y habitúan al niño a convivir con ella con total naturalidad).
Fromm, en su libro, anatomía de la destructividad humana, dice que compartimos con los animales la agresividad pero que en el ser humano existe un grado cualitativo más: La agresión maligna o destructividad. El ser humano es el único animal capaz de matar, torturar y aniquilar a individuos de su misma especie sin ningún provecho biológico o defensivo.
Si a través de los años una persona ha ido forjando un carácter destructivo (en contra de la vida) entonces actuará con una forma u otra de destructividad, entre ellas: la agresión vengativa. Esta no es la agresión defensiva que sí que compartimos con el animal. En la agresión vengativa el castigo o desaparición del agresor no pone fin a la serie de crueldades, matanzas, etc. Es muy intensa, cruel e insaciable. Se encuentra, por ejemplo, en algunas etnias o “bandas”, en forma de venganza sangrienta. La venganza de la sangre es un deber sagrado que corresponde al miembro de una familia, un clan o una tribu, pudiendo extenderse incluso generaciones.
También hay una forma de destructividad a la que se le ha llamado sadismo (éste no es solo sexual). Consiste en el deseo de infringir dolor, mediante un daño físico o psíquico, llegando incluso hasta el extremo de la muerte. El sádico tiene por objetivo un ser inerme, indefenso y débil, sea este humano o animal.
En su variante psicológica, es el deseo de humillar, ridiculizar, y avergonzar a otra persona. Se emplea en cada situación en la que la persona no se puede defender del sádico. Se trata de utilizar una palabra, una pregunta, una observación que avergüence al débil, que lo humille en presencia de otros. Lo que es el fondo del sadismo en sus diferentes manifestaciones: la pasión de tener poder absoluto y sin restricciones sobre un ser vivo, ya sea animal, niño, hombre o mujer. El sádico necesita la sensación de dominar y sofocar la vida.
Pero aún existe otra forma de agresión maligna dependiente del carácter: la necrofilia (no es exclusivamente sexual). Este rasgo de carácter es la atracción por todo lo muerto, corrompido, putrefacto; la pasión por transformar lo vivo en algo no vivo, de destruir por destruir.
Aunque muy sintéticamente, les he descrito aquellos calificativos que debemos emplear para referirnos a esos seres que realizan conductas tan aberrantes e incomprensibles.
No son locos, son Malvados.
